El 6 de mayo de 1985 los geofísicos Joe Farman, Brian Gardiner y John Shanklin publicaron un artículo en la revista Nature advirtiendo de que se estaba formando un agujero en la capa de ozono en la zona de la Antártida que tendría consecuencias desastrosas para nuestro planeta.
Dos años después, ante la evidencia científica, se firmó el protocolo de Montreal en el que un total de 197 países aprobaron varias medidas para proteger la capa de ozono. Dentro de dicho acuerdo se clasificaron y enumeraron casi 100 sustancias químicas perjudiciales para la capa de ozono y se estableció un control de su producción y consumo, así como un calendario que marcara su eliminación.
Posteriormente, al protocolo de Montreal se han añadido varias enmiendas que lo han ampliado también a más retos medioambientales, como el calentamiento global. El más reciente fue la Enmienda de Kigali, aprobada en 2016, cuyo objetivo es evitar el calentamiento global entre 0,3 y 0,5º controlando el uso de algunos hidrofluorocarbonos.