Se calcula sobre la base imponible del proyecto (precio total sin IVA). Se suma el coste de los bienes que quedan en la vivienda (paneles, inversor, batería, estructura, cableado) y se compara con el coste total. Si esa suma es igual o inferior al 40%, se cumple el requisito. Las gestiones, certificaciones, ingeniería y mano de obra no entran en ese cómputo. En la práctica, ese cálculo lo hace la empresa instaladora según su estructura interna.