La calefacción, el aire acondicionado y los hábitos de cada estación pueden hacer que el consumo mensual varíe un 40 % o más entre unos meses y otros. Por eso una instalación solar no se dimensiona al consumo de un mes, sino al consumo anual total.
La lógica es sencilla. En verano las placas producen más energía de la que la casa gasta, y los excedentes se vierten a la red y se acumulan como saldo. En invierno la producción baja y ese saldo compensa la energía que sí hay que comprar. Al cabo del año, si la instalación está bien dimensionada al consumo real de la vivienda, la producción cubre el gasto y la factura se acerca a 0 € los 12 meses.
Según el consumo anual de tu vivienda, este es el número de paneles que necesitarías instalar: